sábado, febrero 23, 2013

Promesas (¿que no valen nada?)


Avería (o) redención. 

Mi hembra... mi marciana... promesas que deben valer, espero, porque hoy -y hace meses- asumo ese gran error de dejarte sola. De abandonarte, al fin y al cabo, hablemos claro.

Todo lo que haga será poco para redimirme. Para poder pagar todo lo que te debo por haber seguido esperándome. Por haber apoyado este proyecto equivocado.

Prometer es fácil, no así cumplirlo.

Pero sé que seré capaz. Porque lo que me une a ti es mucho más que trece mil kilómetros, mucho más que un anillo, mucho más que un ramo de flores. Y te acompañaré a cada instante, en tus penas, en tus alegrías, en las tuyas y en las compartidas. Curaré cada una de tus heridas, también las que yo te provoqué, como si fueran mías. Haré que cada día sea como aquél en el que apoyabas tu cabeza en mi hombro pidiéndome que te sacara de allí. Como aquél viernes seis de abril.

Y cuando mi boca se equivoque, recordaré a este ciego y loco corazón que me hizo cometer aquél delito -ahora hace ya un año- que nadie debió permitirme. Tú lo aceptaste todo porque me querías, pero sigue sin ser justo.

Siempre serás tú, mi María, con quien quiero compartir mi vida... prometo, nunca más, dedicarme a perderte, porque nunca fui consciente del daño que me hacía alejándome de tus brazos, de tus besos.

No hay comentarios: