Mis lágrimas destilan irresponsabilidad, arrepentimiento. También soledad, la tuya y la mía. Más la tuya, porque cada día estoy más convencido de que jamás debería haberme separado de tus huesos, de tus caricias, de tus ojos y tus besos. Nunca debería haberte hecho esto. Nunca. También huelen a error y a marcha atrás, aunque al caer sobre mis mejillas se transformen en esperanza y cambio. En una vuelta que ansío demasiado como para poder centrarme en otras cosas.
Si de algo estoy seguro es de que tú, y sólo tú, eres la única persona en mi vida que puede destrozar mi corazón con un simple adiós, y recomponerlo con una pequeña sonrisa... y eso es, quizá, lo que me lleva a desearte tanto a mi lado. Tan sólo sentirte cerca es lo que le da sentido a mi vida. Es lo que une estos eslabones. Olerte sin que lleves tu perfume. Escucharte sin que hables. Rozarte sin que lo sientas.
Y ahora, que no estás, que no estoy...

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