domingo, octubre 21, 2012

Ilusiones de un náufrago (parte 1)



Aquí sigo, desde hace meses, en esta barcaza improvisada hecha de cañas y telas. Negándome a llegar a puerto. Aunque lo diviso desde el principio, prefiero seguir a la deriva. Me dejé lo más importante cuando partí. Todo sigue con ella, mis besos, mis abrazos, mis miradas, mis caricias... todo. Sin ello me niego a llegar, naufrago hasta que algún día el oleaje cambie el rumbo del este velero y me lleve de nuevo al lado de la cama que ahora sigue vacío y frío como este horizonte que me cubre. Allí donde seré íntegramente yo; donde a esta piel, a estos órganos, se le unirá todo lo que dejé. Desaparecerá la angustia, el miedo horrible e incontenible a que algún pirata la arranque de mi lado. También se recompondrán mis entrañas, ahora esparcidas por un cuerpo sin orden ni concierto, cuando me susurre al oído que me quiere, cuando me abrace sin que haya razón para hacerlo, o cuando simplemente, podamos mirar juntos las estrellas que ahora me iluminan.

Diviso a lo lejos la parte superior de una botella negra flotando entre las olas... echo el ancla de mi bote, a estas alturas ya hecho añicos y casi a punto de hundirme en lo más profundo del océano. A veces desearía tanto que eso pasara... Espero a que llegue a mí. Con un pequeño esfuerzo alargo la mano, tengo dolorida la espalda de tanto encogerme sobre mí mismo cada vez que lloro al recordarla. Y esta ocasión sería cuando más habría deseado que cambiaran las corrientes de este mar embravecido que me hace enloquecer. Quito el tapón y el papel, húmedos, y la cruda realidad se hace presente ante mí, atravesándome las entrañas con una fotografía suya en la que sus ojos abrasaban tanto como el sol, y su pelo alborotado me traía aquellos dulces recuerdos del olor a sal mientras la abrazaba en las noches eternas juntos. Maldigo el momento en que decidimos separarnos, maldigo a dios, al sol, a las nubes, a todo lo que me rodea. Trato de poner fin a todo esto atrayendo a los tiburones con una corte en mi muñeca... pero será el destino el que quiere que volvamos a estar juntos, o lo grande y hermoso que sería eso, lo que me hace volver a subir mi barco. Me arrodillo, lloro, suplico... pero nada ni nadie me responde... Lamentablemente termino asumiéndolo. Como siempre, termino odiándome.

Y ahora, preso de este mar maldito, prefiero quedarme naufragando, prefiero no llegar al puerto al que pretendía llegar hace meses... prefiero no asumir que estoy tan lejos de ella y esperar a que esta lucha haga que el oleaje me la devuelva.

Preso de la impotencia... sólo rodeado de la nada, hoy tocan las estrellas sobre mí, violines, pianos, una voz maldita sobre el mar... http://www.youtube.com/watch?v=nDX3xhdjrcQ

1 comentario:

LyLha dijo...

Espero que tu naufragio termine en un puerto con mi nombre... :)