Hablo por mí. Siempre que tengo que tomar una decisión me gusta contar con el respaldo de mi pareja, de mi familia, de mis amigos o de mi jefe, según corresponda. No quiero decir que no confíe en mi y en mi capacidad para discernir entre lo que más me conviene o sobre cual sea la decisión más adecuada en un determinado momento. Pero ese respaldo hace que la decisión recobre la fuerza necesaria para dar el paso final en momentos en los que puedes dudar.
Laboralmente cuando este respaldo desaparece o simplemente deja de existir, hace que te conviertas en tu propio jefe. Básicamente porque se da el caso de que, sin acritud, tu jefe sabe de otras cosas que tú no sabes, y viceversa, cuando a él se le presupone -por su puesto y también su salario- que debe dominar prácticamente todos los aspectos del trabajo que desarrollen sus empleados. Ser tu propio jefe te priva de ese respaldo que comentaba y aunque a priori pueda parecer una ventaja por la libre disposición de tus ocho horas de trabajo y por tu organización sin rendir cuentas a nadie, con el tiempo termina planteándote serias dudas sobre si es eso lo que deseas y si no merecerías, en primer término, el reconocimiento laboral de tus clientes (que terminas haciendo tuyos, erróneamente, porque realmente son de la empresa para la que trabajas), y finalmente sobre si tu sueldo debería o no estar más próximo al de ese que lleva días sin preguntarte sobre el estado de los trabajos que llevas en danza y gracias a los cuales, junto con los del resto de compañeros, hacen que el barco empresarial siga navegando. ¿Somos ahora todos nuestros jefes? Sí. Creo.
El momento culmen de esta situación, la orgía de placer interno aunque raruno, tardío e inoportuno, se produce cuando sus clientes te llaman a ti para comunicarte que hay un nuevo trabajo que debes ver para ofertar. No entiendo nada, yo tampoco...
"Esto sólo es por filosofar un rato", como dice uno de ellos cuando me tiene al teléfono más de media hora divagando sobre cosas que realmente poco me importan.
Mañana más. A seguir jugando a hacer de nuestros propios jefes. A veces hasta nos sale bien...
No hay comentarios:
Publicar un comentario