La que nos ocupa ahora se había iniciado hacía ya más de ochenta trienios, y enfrentaba al bando de MacFlurrys y Conguitos contra M&Ms y Gominolas. La comunidad de Lacasitos se había declarado neutral nada más comenzar la guerra, pero ayudaba de forma extraoficial al segundo de los bandos debido al linaje diabético que mantenía con el todopoderoso creador de los Peta-Zetas, miembro además muy influyente en el consejo regulador de azúcares de la comunidad gominolense, el Ilustrísimo Señor Mora.
Aunque el gobernador lacasiteño se empeñaba en declarar una y otra vez a los medios de incomunicación la neutralidad de su pueblo y sus habitantes, la ayuda que prestaba a aquellas dos comunidades era de dominio público.
Es por esto por lo que los veinte lacasitos que Agapito encontró bajo aquella secuoya, siempre estaban temerosos de que en cualquier momento un MacFlurry pudiera lanzarles un ataque mortal en forma de trocitos de cacahuete a una presión superior a los 100 bares. O de que una jauría de Conguitos enloquecidos los ensartara con sus lanzas de caramelo. También debían de temer a M&Ms y Gominolas, porque aunque se suponían en el mismo bando de la guerra, estos últimos les lanzaban ataques poco dañinos para disimular e intentar negar la evidencia de que se ayudaban entre ellos.
Entre todo este inmenso caos en el que se encontraba el país desde hacía tantos años, Agapito siempre había conseguido proteger a sus veinte lacasitos de estos ataques feroces. Incluso una vez le costó la pérdida de una de sus cuarenta y dos falanges de la mano derecha, al frenar con ella un cóctel gelatinoso lanzado por un Conguito desde uno de los valles cercanos.
No obstante, el más crudo e irreal de los enfrentamientos estaba aun por llegar. No os lo perdáis en los próximos capítulos de “Las aventuras de Agapito y sus Lacasitos”.
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